
Un detalle en la presentación de la foto oficial del presidente José Antonio Kast generó una polémica tan artificial como innecesaria. En el retrato oficial, el nuevo presidente aparece con la banda presidencial bordada con el Escudo Nacional, lo que motivó una denuncia a Contraloría, noticias y comentarios en redes sociales sobre un supuesto “guiño a Pinochet”.

La aburrida disputa normativa tendrá que resolverla la institucionalidad, pero lo que me preocupa es otra cosa: cómo una parte del progresismo está dispuesta a entregar el Escudo Nacional como símbolo a la ultraderecha, solo porque aparece en la banda presidencial de un presidente que no les gusta.
El Escudo no es de Kast, y no es de derecha ni de izquierda.
Nuestro escudo es uno de los símbolos de la unidad del pueblo, que ha enfrentado, a través de siglos, desastres naturales, triunfos, divisiones, alegrías y odios, en gobiernos de todos los colores, a los que siempre se sobrepone unido a pesar de sus diferencias.
Como en una familia, no tenemos que estar de acuerdo en todo para seguir siendo parte de una historia común.
Yo no voté por el presidente Kast, no comparto su programa y la foto presidencial me parece mediocre, pero que el Escudo esté bordado en esa banda no me incomoda, me recuerda que los símbolos del país están por encima de los presidentes y de nuestras opiniones.
Que nuestro Escudo esté ahí significa que Chile eligió democráticamente a quien hoy lo porta, un motivo de orgullo en una república que a pesar de problemas, sigue firme en un mundo que se desmorona.
Nuestro escudo es uno de los símbolos de la unidad del pueblo, que ha enfrentado, a través de siglos, desastres naturales, triunfos, divisiones, alegrías y odios, en gobiernos de todos los colores. Compartir en XAceptar que el Escudo bordado es “pinochetista” no castiga a Kast, y solo nos hace renunciar al último símbolo que no ha sido completamente manoseado por la guerra cultural —hostil y negativa— que ha convertido a la política en otros países cercanos, en repugnantes circos.
Regalar y permitir que un símbolo que pertenece a todo el pueblo sea apropiado por un sector, es solo una muestra más de la poca visión y vocación de minorías de cierto progresismo.
Yo amo y defiendo a Chile, su naturaleza, su libertad y la soberanía de su pueblo, y nuestro escudo es uno de los símbolos que nos recuerdan que estuvimos, estamos y estaremos juntos, incluso en desacuerdo, como chilenos.
El Escudo es del presidente actual, del que vendrá después, de nuestro pasado y de nuestro futuro.
No regalemos lo que es de todos.
Uriel González es administrador público y coordinador ejecutivo de la iniciativa ecologista En Modo Verde. Con trayectoria en articulación público-privada y sostenibilidad, ha participado en redes medioambientales internacionales como The Oxygen Project y Planeteer Alliance. Forma parte de la primera generación del programa Más para Chile (2025), orientado a liderazgos emergentes.
