Democracia interdependiente

Democracia interdependiente: el riesgo de un país que debate sin decidir

Democracia interdependiente: el riesgo de un país que debate sin decidir

Chile vive una crisis que pasó de silenciosa a evidente, nunca hemos tenido tanta libertad para opinar, votar y expresarnos, y, sin embargo, la democracia se percibe como decadente y la distancia entre ciudadanía e instituciones pasó de brecha a abismo.

Existe participación electoral amplia, y a través de medios de comunicación social y redes sociales se confunde el debate con la agresión verbal y la apelación tribal a las cajas de resonancia de la polarización, por lo que existe el debate, pero casi no hay resolución; el resultado es un sistema democrático que paradójicamente es tan activo como mediocre.

Hoy las decisiones públicas se diluyen en ciclos electorales rápidos, polarización comunicacional y conducción reactiva, sin capacidad de anticipar o tomar resguardos a futuro. Predomina la mezquindad cortoplacista entre actores y una lógica de “ganar el punto” por sobre la de construir acuerdos, no hay visión de futuro en sostenibilidad, integración tecnológica y la era de la inteligencia artificial, por nombrar algunos de los principales problemas complejos que son ineludibles, pero aun así se ignoran.

La política perdió hace tiempo la profundidad estratégica y capacidad de anticipación.

Se percibe que el proceso político no conduce a soluciones reales, alimentando frustración, apatía y el crecimiento de opciones extremistas; Esta crisis no se explica por falta de ideas, sino por falta de estructura para procesarlas, por lo que el problema no es sólo ideológico ni moral: es funcional. Chile enfrenta desafíos complejos –crisis hídrica, transformación productiva, integración tecnológica, cohesión social– que requieren participación informada, diálogo activo y decisión fundada en conocimiento, no improvisación.

Más que imponer una agenda, debemos abrir un espacio donde la reflexión política se reconecte con la ciudadanía de forma concreta, para recuperar la democracia como acto de responsabilidad compartida: discutir para decidir, y decidir para transformar.

En esencia la democracia es interdependiente en estos tiempos, gobernar debe ser mucho más que administrar coyunturas, sino que anticipar consecuencias: integrar ecología, tecnología, economía y cohesión social como condiciones simultáneas para la viabilidad del país.

La crisis democrática no es solo política, es civilizatoria. Si Chile no logra anticipar y gestionar límites ecológicos —agua, alimentación, aire— ningún diálogo ni proceso institucional será sostenible. La democracia no puede seguir actuando como si la naturaleza fuera un recurso infinito; hay que ir pensando en cómo integrar la realidad ambiental y tecnológica como criterios de decisión, ignorarlo es condenar la política a administrar la decadencia.

La tarea no es moderar ideas porque sí, sino que elevar su calidad y alcance, ya que más que reemplazar instituciones, hay que fortalecerlas desde la participación consciente y la integración de la visión tecnológica y medioambiental, entendiendo que estamos en momentos extremadamente difíciles, en ciernes de grandes definiciones sobre el futuro.

Sin ciudadanos capaces de comprender y acompañar procesos de prospectiva estratégica, ninguna democracia se sostiene, y ejemplos de colapso sobran. Somos una sociedad interdependiente y compleja bajo amenaza, así como una democracia que se debe asumir y proyectar en esta interdependencia de factores tal como la condicionan, también la pueden fortalecer a futuro.

De nosotros depende.

Uriel González es administrador público y coordinador ejecutivo de la iniciativa ecologista En Modo Verde. Con trayectoria en articulación público-privada y sostenibilidad, ha participado en redes medioambientales internacionales como The Oxygen Project y Planeteer Alliance. Forma parte de la primera generación del programa Más para Chile (2025), orientado a liderazgos emergentes.

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